Kinesiologas Colombianas

Kinesiologas Colombianas, La mamada y el coito son como la distribución en el campo de los

futbolistas en el dibujo táctico del cuatro cuatro dos, un tradicional que todo el planeta conoce.

No obstante, Margarita, de cuarenta y ocho años, nació en Pasto, Nariño, al sur de Colombia.

Recuerda aquellas primeras veces en la calle en las que los clientes del servicio le preguntaban

por un “francés” y les respondía que no, que no lo charlaba. Por aquel tiempo tampoco charlaba

el “griego”, como le afirman en Europa al sexo anal. El día de hoy, sencillamente no desea hablarlo.

Bastante tienen sus clientes del servicio de mediana edad subiendo hasta la tercera planta

sin elevador en la que se halla la pieza donde trabaja. “Llegan cansados”, bromea.

En los servicios de Shirley no hay melindre ni pudor. “Ay, mi amor, en la calle, prácticamente

todas hacemos de todo”. No obstante, no se viene con todos y cada uno de los clientes del servicio,

“si no te mueres”, sentencia. Shirley es una mujer transexual que conserva el órgano masculino.

“A mí en el momento en que me follan me semeja divino, mas en el momento en que me toca joder

lo hago también”. Reconoce que con los clientes del servicio practica sexo, a veces, sin preservativo,

mas “sin llegar a terminarlo”, aclara. En las antípodas de su modus operandi se halla Elisa,

de treinta años. “Conmigo vienen una vez, no repiten, pues no hago lo que hacen el resto de chicas”,

confiesa. “Si no hay preservativo no follo, tampoco por atrás”.

Y recuerdo de las fogatas que prenden las chicas en la Colonia Marconi para entrar en calor en

noches heladas en las que asimismo trabajan. La necesidad y el deseo no comprenden de festivos

y la moral se rige por otros valores. Los “pases”, como los describe Elisa, se sienten fríos.

Cada uno de ellos por sus medios se desnuda.