Kinesiologas Extranjeras en Huaral

Kinesiologas Extranjeras en Huaral, Al entrar, había una suerte de mostrador, y todas las

paredes decoradas con fotografías de tatuajes, así que cuando menos se ve que la gente acudía allá.

Tras el mostrador estaba el tatuador, un hombre gordito, barbudo, de unos cuarenta y pico de años,

en camiseta de tirantes, y con todos y cada uno de los brazos tatuados.

– Acá te la traigo (Afirmó mi acompañante)

– Si que está buena, si (Le respondió el hombre mirándome de arriba abajo) A ver putilla,

¿que es lo que te quieres hacer?

El hecho de que me llamase putilla nada más verme me excitó, mas no quise que se me notase.

Le enseñé las fotografías de lo que tenía pensado, y me afirmó que no estaba mal, que me

quedaría muy sensuales. Le pregunté cuanto me costarían, y me afirmó que por ser , unos trescientos

(lo cierto es que me pareció costoso, pero no me atreví a decirle que no. Entonces me enteré

de que me estaba timando asimismo)

Admitido el coste me mandó pasar a la una parte de atrás. Allí había otra sala, con una camilla,

algunas sillas, y una mesa con aparejos para tatuar.

Sin perder el tiempo me dijo que me pusiera en la camilla y me quitase la blusa, y que me bajase

un poco los shorts, que empezaría con el de las estrellitas, de este modo lo hice, quedándome

en sujetador y con los shorts a medio muslo y el tanguita al aire.

Me dijo que para hacerlo bien, que me iba a sostener a la camilla, para eludir que me pudiera

desplazar y saliese mal el dibujo. A mi me pareció razonable, así que me dejé sujetar, me

anudaron de pies y manos, plenamente inmovilizada y a merced de aquellos hombres.

Tan pronto como estuve atada, el tatuador me bajó los shorts hasta los tobillos, y empezó

a pintarme un poco las estrellitas, para marcar lo que luego sería el tatu, mientras, el otro

miraba sentado en una silla, con el móvil en la mano.