Kinesiologas Extranjeras en Lima

Kinesiologas Extranjeras en Lima, Siempre y en todo momento me han agradado los masajes

anatómicos. Me chifla tumbarme sobre la camilla y dejar mi cuerpo laxo, abandonándome

a los sensuales placeres de unas manos recorriendo tu cuerpo, relajándolo, tonificándolo.

Aquel lunes, como cada semana, asistí a darme mi masaje semanal, siempre y en todo momento

en lunes para relajar mi cuerpo tras las fiestas de los fines de semana.

La recepcionista, al verme entrar me dijo:

“Señora, lo sentimos mucho mas la masajista se ha puesto enferma y no disponemos de

absolutamente nadie, a menos que desee que la de el masaje el masajista de la sección masculina”

Me quedé unos instantes dudando, mas enseguida respondí que no me importaba que lo que

precisaba era mi masaje semanal.

Jamás me había dado un masaje un hombre. En esos sitios existe la separación por sexos, a

los hombres les dan masajes los hombres y a las mujeres, las mujeres, supongo que va a ser

por el hecho de que el masaje anatómico completo, implica quedarte totalmente desnuda.

Como siempre y en toda circunstancia me acompañaron a la sala de masaje, donde, ya sola, me

desvestí, me tumbé en la camilla boca abajo, con la toalla, tapándome de la cintura para abajo.

Al instante oí abrirse la puerta y al virar la cabeza vi entrar a uno de los hombres más

sexualmente atractivos que había conocido jamás.
Alto, moreno, con unos ojos verdes increíbles y una sonrisa cautivadora.

Iba totalmente vestido de blanco, con una camiseta ajustada que dejaba adivinar un

pecho ancho y poderoso, los pantalones cortos que llevaba, del mismo modo blancos dejaban

al descubierto unas piernas fuertes y musculadas, en la entrepierna se veía el bulto de su “paquete”,

que, de entrada, parecía nada abominable.