Kinesiologas Venezolanas

Kinesiologas Venezolanas, Sus curvas pronunciadas, su voluptuosidad y su largo pelo negro que

llega hasta la cintura, le han valido para cotizarse entre los clientes del servicio cucuteños

que diariamente frecuentan bares y prostíbulos.

La primera vez que llegó a esta urbe a ofrecer su cuerpo fue hace un par de años.

Llegó por referencias de una amiga suya que había probado suerte en territorio colombiano.

Estuvo una temporada y con el dinero que recogió le fue suficiente para volver a Venezuela

y abonar el mantenimiento de las 2 casas por las que responde económicamente: la de su mamá,

que vive con su hermana de veintitres años, y la suya, donde viven su expareja, su hijo de once años

y un sobrino. La responsabilidad de ver por tantas personas le ha impuesto desde muy joven una

carga que la llevó a buscar ganar más que un salario mínimo.

“Mi mamá sabe lo que hago y por lo mismo es muy materialista. Mi mayor satisfacción es poderle

dar a mi hijo sus gustos, vestirlo de marca”, asegura.

La primera vez que se prostituyó en Maracay lo hizo a lo largo de cinco años. Lo que pudo ahorrar

en ese tiempo le sirvió para montar un negocio de comidas veloces que a lo largo de cuatro años le

dio para sostenerse y la distanció de la prostitución. No obstante, cuenta que cuando comenzó la

crisis alimenticia en Venezuela se vio obligada a cerrar su negocio, y decidió regresar a su

trabajo precedente. “La única forma de vivir bien en Venezuela es con un malandro o bien con

alguien del gobierno, con quien, al final, uno acaba corriendo exactamente el mismo peligro que

corro ahora”, manifiesta.

Jennifer se mueve entre Venezuela, Colombia y Panamá, donde ha pasado largas temporadas de

hasta ocho meses trabajando como puta y ganando en dólares estadounidenses. “Allá me va super bien,

y es el lugar en el que más me agrada estar, no solo por la paga sino más bien asimismo por el

entorno de la ciudad”.